Buscar este blog

3/30/2015

Capitulo V. Reencuentro

Con pasos lentos, sigiloso, se acercaba un hombre blanco de rostro ancho, con varias arrugas en la frente. Tenía ojos grises, una mirada profunda, concentrada en el frente, a su objetivo. Nariz grueso al igual que su boca y sus labios; dientes alineados y blancos, las mejillas hinchadas como esponjas y su cuello cortó.

Aquel hombre era de cabello fino, lleno de canas casi brillantes y de un corte bajo. Su cuerpo robusto, fuerte y alto; pecho recto, erguido y bien formado. Las pisadas eran firmes por sus grandes piernas. Llevaba una túnica negra de tela fina, elegante que se movía con el viento; pantalones anchos de color negro y camisa larga gris. Sus zapatos eran de un cuerpo extraño, no era drago ni un animal conocido.

Venia rodeado de creaturas de rocas, grandes y fuertes. La forma de sus cuerpos era abstracta color marrón al igual que su rostro. Tenían un solo ojo negro, boca gruesa y sin nariz. Sus pisadas sonaban seca por sus firmes piernas. No tenían pies, su forma era recta y plana como pata de palo de mesa. Brazos iguales a sus piernas, solo tenían cuadro dedos que entre ellos sujetaban grandes bastones de madera gruesa, con le forma del pico de un ave en la punta.

La mirada de aquel hombre que canoso era profunda, fija y directa hacia el hospital. Se podía ver en el brillo de sus ojos maldad y odio.

Al llegar al hospital se quedo plantado afuera dando órdenes a las creaturas que no se movieran y se convirtieran en rocas. Las criaturas obedecieron y se coloco en posición fetal haciendo dos roca.
El tipo se quedo allí varios minutos, no decía nada ni hacia nada, solo miraba fijadamente hasta que empezó a moverse hacia dentro entrando al hospital. Al verlo mucho se asustaron, otros lo miraron con terror y huían.

Se acerco al viejo duende de oreja rota, mientras que no sabía qué hacer, sus nerviosismos no lo dejaban pensar bien.

-¿Donde está la niña?-pregunto el hombre serio.

-¿C.. Cual niña, mi lord?. Aquí no hay ninguna niña- decía el viejo duende temblando asustado. 

Aquel viejo estaba contrariado, evitaba decir algo que la delatara, el no debía encontrarla porque sabía que la mataría. En Borjhan cuando alguien era buscado por los magos aparecían muertos, eran muchos los que buscaban y Heaven estaba de primera en la lista.

El hombre volvió a salir silbando suavemente en forma de llamado.

Una criatura de cuatro patas con garras y filosos dientes parecida a un tigre, llevaba un pelaje negro con rayas rojas. Sus ojos eran rojos y dentro de ellos había la forma de una estrella. Sus orejas eran como cuernos y una cola que se dividía en tres, fuertes, capaz de matar con solo un golpe de ella tres.
-búscala Hashirama- ordeno el hombre aquella criatura que el sujeto llamo Hashirama mostro sobre si un aura color rojo intenso, sus ojos brillaban y la figura en forma de estrella que dibujaba se pupila empezaba a girar. Sus patas se deslizaron por la arena negra entrando al hospital.

Se acerco al duende viejo y lo miro mostrando sus dientes, le agarro la mano devorándola, agitándola de un lado a otro. El viejo duende gritaba de dolor pero nadie lo escuchaba, excepto un pequeño niño duende que se escondía para no ser visto.

La criatura tomándolo del cuello con su cola lanzo al duende varios metros dejándolo inconsciente. Avanzo por los pasillos mirando cada habitación, buscando a Heaven cruzando a la derecha. El pequeño duende al verlo irse salió corriendo por el pasillo izquierdo llorando desesperado por encontrar alguna ayuda. Ethan y Amy volvían a la habitación de Heaven y al verlo lo detuvieron, de manera que les preocupaba.

-¿Qué sucede?- pregunto Ethan

 -ha...hay un Hashirama dentro buscando a una niña... - seguía llorando pausadamente y asustado. Amy miro a Ethan, los dos sabían que significaba aquello. Amy agarro de la mano al otro duende y los tres entraron rápidamente a la habitación donde estaba Max con Heaven.

Ella y estaba levantada y Max junto a ella. -creo que ya saben del Hashirama-dijo Ethan apurado metiendo las cosas que podrían sanar a Heaven en un pequeño bolso de lana gris fina.

-¿Hashirama?-pregunto Max buscando confirmación y Amy asintió ayudando a Heaven a colocarse la hoja y amarrándola con una raíz especial. Ethan le dio el bolso a Max y miro a Heaven acercándose a ella para tomarla entre sus brazos, cargándola. No era tan fuerte pero tampoco debilucho.

 -hay que salir de aquí- dijo Max mirando a Heaven que parecía estar muy nervioso en los brazos de Ethan. No entendía lo que ocurría pero por el llanto del duende y lo asustado que estaban, no era bueno.

-Rápido, no podemos esperar. Debes irte-decía asustado, el no podía ver a Heaven ni ella a él.
-¿Irse a donde?-pregunto Ethan.

Los duendes no le hicieron caso a su pregunta y abrieron la puerta saliendo por el pasillo Heaven aun se sentía confundida, no estaba porque salir así, Ethan si sabia pero tampoco entendía que tenía que ver en esta situación.

Max avanzo cuidando el frente mientras los demás lo seguían llegando a la sala principal, vieron el cuerpo y todos ahogaron un chillido por la impresión de aquello, el susto aumentaba en ellas. Haven abrazo con algo de fuerza el cuello de Ethan enganchándose y colocando su rostro en el cuello de él tapándolo.

Al ver las heridas Max y Ethan supieron de inmediato quien había sido, solo una criatura pudo haber hecho algo así y solo un mago oscuro la poseía. Ethan se preguntaba que hacia Mirdor allí, pensaba que la buscaba a él.

 -Rápido Ethan, hay que sacarla de aquí.- Max estaba preocupado.

 -No la buscan a ella, me buscan a mí, Max- decía Ethan

-No, Ethan. La buscan a ella.

El joven Ethan no entendía porque la buscaban a ella, que misterio había con su llegada y la repentina aparición de Mirdor.

-¿Porque a ella? Max, algo me ocultas y necesito saberlo. Max estaba contrariado, miraba a Amy esperando que ella lo ayudara. Ethan no debía saber nada, así como Heaven tampoco debía saber lo que era y lo que representaba.

-Etna te lo diremos pero primero debemos ponerla a salvo a ella, hay que ir al refugio allí no nos encontraran-Amy le daba apoyo a Max.

-Está bien-comento Ethan que caminaba lo más rápido posible con ella en sus brazos siguiendo a Max.

Iban ya casi saliendo y justo en la salida cuando todo parecía salir bien apareció Mirdor de la nada esperándolos con una sonrisa triunfante de alegosía, satisfacción y maldad marcada en su rostro. De nuevo Amy, Max, Ethan y el duende ahogaron un gran susto. Varias raíces gruesas y rojas; salieron de la tierra golpeando a ellos tres y haciéndolo volar varios metros. Ethan en el golpe no pudo sostener a Heaven quien cayó a su lado quejándose de dolor.

Las raíces se movieron por todos lados sin volver a golpearlos Max y Ethan se coloraron de pie nuevamente, Amy aun no podía levantarse, no tenía fuerzas para hacerlo. De nuevo las ramas fugaron su dirección hacia ellos golpeándolos nuevamente. Max quedo muy golpeado esta vez en el pecho y Ethan cubrió su rostro con sus manos donde recibió los golpes y cortadas.

Heaven gritaba que se detuvieran cuando unas de las raíces se acercaron agarrándola por la cintura, elevándola por los aires. Pateando con una pierna, gritando con desesperación y terror trataba de zafarse ante ellas.

se levanto y corrió saliendo y lanzándose contra Mirdor, arrojándose los dos al suelo.
 Mirdor perdió el control y las ramas soltaron a Heaven cayendo en el suelo golpeando su pierna, comenzando a llorar y golpear el suelo del dolor insoportable que sentía.

Una cola enrollo en el cuello a Ethan lanzándolo varios metros de distancia, atravesando los cristales del hospital. Hashirama había llegado y Heaven estaba en peligro.

Mirdor se levanto furioso, le ordeno a la bestia que tomara a Heaven para marcharse, mientras ella gritaba de terror aun llorando por el dolor tras ser tomada por Hashirama. Mirdor volteo para terminar con Ethan y sus ojos se llenaron de asombro.

Algo brillante parpadeaba en la tierra, era una cadena de oro fina de un metro. Era oro mágico forzado por duendes, aquella era fuerte y resistente a muchas cosas. La cadena estaba al lado de Ethan y este al darse cuenta el tomo por un extremo y  saco de la tierra al levantarse. La enrollo en su brazo derecho y dejo solo unos centímetros de ella preparándose para combatir.

 -No te la llevaras, padre- dijo firme y decidido

-Tu eres un desertor, no eres mi hijo

-Tampoco me gusta tener un padre como tú.

 -Eres débil. Esto se termina aquí.

La bestia Hashirama se puso adelante de Mirdor para protegerlo

-Acabalo- ordeno a la bestia con voz fría y abrumadora aquel mago oscuro le ordeno matar a quien era su propio hijo, dejando todo a cargo a Hashirama. Mirdor se dio vuelvo tomando a Heaven quien gritaba agitada, débil, pensando que iba a morir. Amy y Max aun estaban dentro adoloridos.

-Te dije que no ibas a llevártela- dijo Ethan sujetando sus palabras. La bestia salto con toda ira y fiereza para matar a Ethan. 

-Ethan no!- grito Max en el suelo sin poder levantarse. La cadena que Ethan llevaba en su mano la lanzo con fuerza y presión enrollándola en el cuello del Hashirama.

Mirdor podía y hacer cualquier cosa con el agua al controlarla con la mente, la hacía aparecer de la nada aun cuando estuviera en un sitio donde no la había. Ethan lanzo de nuevo su cadena como un látigo pero de nuevo volvió a evadirla. Una enorme bola de agua fue lanzada por Mirdor golpeando a Ethan con fuerza arrastrándolo en el suelo de aquel lugar.

-No debiste retarme, eres débil- reía Mirdor

-si... Soy débil igual que mi padre- respondió Ethan intentando levantarse pero estaba muy golpeado
-¡Como te atreves a insultarme!.- Mirdor exclamo.

Unas raíces atacaron a Ethan sobre el suelo, no podía moverse y Mirdor avanzaba hacia él. Ethan se sentía adolorido, respiraba agitado por la presión que le causaban las raíces que no lo dejaban respirar mucho.

 Si te hubieses quedado en mi reino no estuvieses al lado de estas débiles creaturas... - decía Mirdor refiriéndose a Amy y Max en el suelo y Heaven atacada -Eres como tu madre, noble y juiciosa, preocupada por los demás y por eso la mate.

-Entonces para que estuviste con ella-reprochaba Ethan con una voz curiosa y amarga. -Porque quería un heredero a mi trono, pero resulto ser un fraude.
span style="background: white; color: #141823; font-size: 12.0pt; line-height: 115%; mso-bidi-font-family: Helvetica;">
-Cállate!- GritoEthan apretando sus dientes de la rabia e impotencia que sentía.

- Tu madre se enamoro de mi, creía en las promesas que le dacia. Lo único que hice fue jugar con ella engañándola y al final la mate, ya no me servía de nada cuando naciste.-

Ethan logro levantarse furioso al hacer aparecer agua en sus manos y congelándola para cortar las raíces que lo sujetaban. Corrió hacia Mirdor para golpearlo pero nuevamente algo lo sujeto sin dejarlo avanzar, ocasionando unos cortes en sus costados.

-¡Basta ya!-Grito Mirdor.

 Las criaturas de rocas se levantaron despertando, golpeando a Ethan y tomando a Heaven.

-Agárralo también a él tengo una idea mejor para que mueran- dijo Mirdor alejándose del lugar.


 La otra creatura tomo a Ethan como le habían ordenado.

3/26/2015

Capitulo IV. Borjhan

En fracciones de segundos abrió la puerta y entro en ella mirando al suelo esperando encontrar lo que sonaba. Sin embargo, estaba rodeada de neblina, sus pies tocaban un piso duro blando brillante que cegaba sus ojos por completo. Heaven se sentía como en el cielo hasta pensaba que estaba muerta, de un golpe la puerta cerro y ella volvió poniéndose nerviosa. Comenzó a buscar nuevamente la puerta mirando a todas partes desesperada llena de pánico. Tenía que moverse, comenzó a correr por las nubes de niebla blanca. 

El temor comenzaba a invadir su mente, pensaba si pudiera ser como los sueños de freddy krueger, que vengaba su muerte hacia sufrir a sus víctimas jugando con su mente. Heaven estaba muy asustada, pensaba que nunca iba a salir de allí, corría y corría y aquel pasillo parecía no tener fin. Se asustaba porque se agitaba y no respiraba bien, no quería entrar en un ataque de asma, le aterraba morir sola en aquel lugar, intentaba calmarse un poco y recobrar el aire. Fue tanta su angustia que de tanto correr que al final logro ver una pequeña luz que le dio esperanzas, sus energías volvieron.

La luz estaba un poco lejos pero tenía que llegar allí o quedaría encerrada en aquel lugar. Ya estaba perdiendo totalmente el control, a medida que iba caminando su desesperación era aun mayor que sus respiraban agitados y con dificultad. Una puerta fina y elegante de un rojo sangre apareció a lo lejos, pensaba que era su salida así que corrió rápidamente tomando la manilla y abriendo, sin pensarlo entro en ella con el corazón aliviado, pensando que estaba nuevamente en el sótano. Al entrar se da cuenta que no era el sótano, aquello paso de ser un lugar con luz y neblina a uno donde solo había oscuridad, apenas si se podía ver una pequeña luz a lo lejos.

Aquel lugar estaba cubierto de rocas, se escuchaban ruidos extraños desde el interior; al mirar hacia arriba se podían observar algunas telas de araña negras. Ella no quería saber de quién eran esas cosas, al verlas se aterro y solo quería salir de allí.

Una gotera caía y generaba un eco pausante en el vació de aquel lugar, ella se dio cuenta que la gotera caía en un pequeño hilo de agua que corría en dirección hacia la luz. Heaven siguió con mucha calma aquel pequeño riachuelo esperando la llevara a la salida. Un ruido se había escuchado en aquel lugar, un ruido que heaven conocía en sus sueños y que le daba terror tanto así que se paralizo, no sabía qué hacer, tuvo que calmarse un poco y seguir sigilosamente llegando a una roca que era más o menos de su tamaño, desde allí pudo ver de reojo a un dragón que era diferente al de su sueño, pero no dejaba de ser un dragón, estaba dormido y el sonido que se escuchaba era los ronquidos que eran como suspiros hondos.

El dragón era enorme, con una piel gruesa y escamosa, tan gruesa que ni la mejor flecha era capaz de penetrar tal armadura, sus ojos eran como de una serpiente, eran de un color rojo como el fuego que llevaba por dentro. Tenía una cola larga puntiaguda al final, en su extremo era una forma de flecha, sus alas eran enormes con bordes cortados y filosas puntas al final. Avanzaba sin hacer ruido pasando por él; el dragón aun dormía.

Al estar atenta al dragón no se fijo que una roca estaba al frente y tropezó quejándose. El ruido de su quejido hizo que el dragón soltara un ligero suspiro que más bien parecía un rugido. Estaba pálida del susto, el dragón despertó furioso al verla y ella corrió. Él le lanzo fuego y le quemo en la pierna.

Heaven corría sin parar, sentía un gran dolor en su pierna, como una quemazón, ella no le hacía mucho caso, seguía alejándose de aquel dragón que la seguía, se escondió detrás de unos gruesos y grandes árboles que habían justo en el camino. Se detuvo para agarrar algo de aire y se percato que ya no veía la cueva ahora pisaba un pasto amarillo y al frente tenía un árbol color azul. Asombrada lo miro y luego de unos segundos sentía picazón en su pierna, la observo y ahogo un chillido, lo tenía muy quemado su pierna estaba sangrando mucho y a ese paso terminaría por desmayarse sino tenia atención medica con urgencia, pero en un lugar así encontrar médicos no era sencillo, si es que los había.

Heaven se dejo caer en llanto al pie de aquel extraño árbol azul, sentía el pasto al acostarse sobre el, iba a morir allí, nadie la salvaría. Sus padres creerían que se había ido y le habría pasado algo en la calle, todos la buscarían y no la encontrarían en ningún lugar. Sus seres queridos llorarían por ella.

Su llanto se escuchaba algunos metros, se sentía exhausta pero tenía que hacer el intento de salvarse. Al hacerlo como pudo por el dolor, ya su pierna no le respondía casi y un ruido como un aullido se escucho, varios hombres con una vestimenta extraña para ella salían entre los arboles observándola. Tenían capas negras de cuero de dragón, pantalones del mismo material y color negro algo apretados en los muslos. Sus pechos descubiertos para algunos, otros llevaban una franela color blanco con zapatos de cuero. Todos aquellos hombres tenían el cabello corto como militares y en los brazos algunos símbolos y otros en la cara llevaban cicatrices. ¿Quiénes eran aquellas extrañas personas?.
Heaven no podía entender lo que sucedía, cada vez era más extraño todo, quería correr pero estaba débil, su corazón daba un vuelvo, estaba nerviosa ya no tenía fuerzas y la quemadura en su pie no la dejaba seguir. Sentía miedo de que aquellos hombres pudieran hacerle algo malo. Uno de ellos tenía desde su ojo izquierdo hasta su mentón una enorme cicatriz, les ordeno acercarse a ella. Ella creía que había pasado por el peligro pero no era cierto, aun no estaba a salvo en aquel lugar.

 -¡No!... no me hagan daño. ¡Por favor!- dijo asustada.

Los hombres la tomaron entre todos cargándola, mientras ella intentaba moverse pero la sujetaban muy bien, quería saber a donde la llevarían y que harían con ella. Intento no pensar mal en el trayecto, recorriendo aquel bosque común pero con algunos árboles de colores y otras maravillas, flores de tres pétalos amarillas, otras de dos pétalos abiertos y en el medio un triangulo viscoso, como goma color naranja se podían observar. Algunos de los hombres agarraban algunas comiéndoselas, ellos le ofrecían y le decían que comiera, ya que era bueno para aliviar de la herida que le había hecho el dragón, pero aun así se negaba, no tenía confianza en ellos, no conocía aquel lugar y no sabía a donde la llevarían.

Heaven le parecía estar en uno de sus sueños, quería que fuese un sueño pero no era así, todo era realidad y se preguntaba cómo es que una puerta podía llevarla a un lugar como ese.

Se detuvieron en el camino, ella observo y logro ver un árbol enorme, mucho más grande que el resto, su tronco era muy grueso como de 20 hombres juntos, sus hojas eran amarillas brillantes como luciérnagas y colgaban. Se podía entrar a través de una puerta de cristal como los hospitales, esta era el doble de una puerta normal para ella. Nunca antes había visto un árbol así, en su rojizo tronco tenia grabada unas líneas muy extrañas, era como si escribieran en japonés pero en un árbol, un idioma diferente, las líneas daban forma a figuras que quizás tenían algún significado. Sus ojos se dilataron por el asombro, movía su cabeza de un lado a otro como si estuviese loca, los que estaban allí caminaban y la observaron con extrañes al igual que ella, aun no había visto tal cosa como aquella. Entraron y se detuvieron en un vestíbulo.

Las paredes era de la misma madera del árbol y el mismo color rojo, un duende esperaba para atenderlos e inmediatamente se acerco al hombre rostro cortado y hablaron entre ellos. El duende era viejo, canoso y gordo, lo que más le llamaba la atención eran sus orejas puntiagudas, una de ellas le faltaba la punta y se podía ver la cicatriz.

Heaven esperaba en lo que parecía una camilla, acostada. No dejaba de ver aquel sujeto extraño y diminuto, llevaba una vestimenta verde, con cinturón. Aquel hombre de rostro cortado ordeno a uno que la llevara a la una habitación en el área C2. Heaven se alteraba un poco y solo preguntaba a donde iban a llevarla, empezaba a asustarse aun mas y su herida a doler con más intensidad.
La llevaba por un pasillo y al final doblando a la izquierda se encontraban otras puertas de cristales más pequeñas. Se detuvieron en la puerta, le esperaba una habitación con una cama de plumas y una pequeña mesa al lado de aquella, aquella mesa estaba hecha de madera, pero era una madera diferente, brillante como un espejo, parecido al caoba. Ella suponía que esa era la sala de alguien cuya función era de un medico y la curaría. Se imaginaba a un duende o cualquier especie que al verlo lo haría correr del grito que daría. La acostó en ella con cuidado y la dejo sola allí, pensaba como salir pero su principal problema era su pierna.

La puerta se abrió nuevamente y un muchacho joven entro.

-¿Como te has hecho eso?- Pregunto el joven, su voz era amistosa, dulce, suave y calida, con vestigio de buen humor.

Heaven trago grueso y lo miro a los ojos, su estatura era un poco más alta que la de ella. Delgado se podría decir muy bien formado, ojos alargados de color café y cejas pobladas bien pronunciadas. Cabello negro, cara delgada ovalada, su rostro era atractivo. El se acerco a ella esperando su respuesta pero Heaven aun no sabía como responder. Llevaba un atuendo parecido a un duende, una bata de laboratorio larga y blanca con mangas cortas. Un cinturón que rodeaba su cintura y usaba zapatos de cuero de dragón.

-Debes responderme para saber cómo curarte la herida- Se acerco a ella con un caminar relajado. 

Sonrio y su sonrisa se vio reflejada en sus ojos.

-Un dragón lo hizo- Dijo casi en susurro.

-¿Un dragón?... debi imaginármelo, es una quemadura profunda, ¿Que no sabes que está prohibido ir a las cuevas? A no ser…- se detuvo.

Algo en su sonrisa le llamaba la atención a ella y le costó concentrase en lo que él le preguntaba. Sus miradas se encontraron el aun sonreía. Heaven sintió un hormigueo en el estomago, ella pensaba que era dolor de estomago por no comer.

-Emm… si pero no sé como llegue allí- tartamudeaba y a ella eso le era extraño.

El se doblo mirando su pierna quemaba, examinándola. Alejo un poco la preocupación de Heaven, sentía que podía confiar en él. Ese muchacho tenía algo especial, su sonrisa la tenía hipnotizada.
Ella observaba con detalle como el examinaba su herida.

-Es bastante profunda, pero estará bien. Tienes suerte de que solo fue la pierna

El se levantaba y la observo con una ligera sonrisa, tomaba unas cosas de la mesa que estaba allí, era como un algodón.

-Esto te dolerá un poco-

Lo coloco sobre la herida y al instante Heaven grito de dolor. Limpio un poco la herida y luego la cubrió con una hoja grande de color amarillo, eso le calmo un poco el dolor.

-Bien ya con eso estarás mejor, luego te cambiare la hoja- se incorporo y la miro.

Sus miradas se conectaron, el se quedo quieto, miro a Heaven como si hubiera experimentado una gran conmoción. Ella estaba atrapada en su mirada y experimentaba lo mismo que el. Estaban conectados, ella era incapaz de hablar, quería seguir experimentando aquella sensación. El estaba como hipnotizado, en ella había algo que le llamaba la atención, le causaba una sensación que no podía explicar porque era primera vez que sentía algo así. Carraspeo y pestaño varias veces.

-¡De dónde vienes?, nunca te había visto… ¿vives en algún valle cerca?-  volvió a sonreírle.

Era una sonrisa calida y amigable que a ella le gustaba, la petrificaba. Su sonrisa era un descubrimiento especial, se ruborizo un poco y miro su pierna que un le dolía.

-No no soy de aquí- dijo ella pasando su mano por su pierna sin tocar la herida.

-Estarás bien, debes ser paciente- dijo él

El se daba vuelta dejando algunos instrumentos en la mesa esperando si ella le respondía a sus preguntas, quizás porque algo de ella le gustaba.

-A propósito tienes nombre?-

-Yo.. emm… Soy Heaven- dijo ella volviendo su mirada a su sonrisa y mordió su labio un poco timida.

–Donde vivo?- intentaba evadir aquella pregunta. Heaven no sabía que responder estando en un lugar que no conocía, si le decía a el, le parecía loco saber de dónde venía.

Heaven no quería decirle de donde venia porque le parecería ilógico a él, sin embargo viendo donde estaba y lo que había pasado pensó que no existía nada más loco y fuera de imaginación que eso. Justo cuando iba a decirle dos pequeños duendes aparecieron en el lugar.

-Ethan, en la habitación N° 250 hay un hada con problemas para volar- dijo uno de los duendes al entrar, el más pequeño. Los duendes miraron curiosos y extrañados a Heaven.

-Hada- decía Heaven consigo misma, viendo extrañada a los duendes, ella nunca excepto quizás en televisión o alguna que otra historia había visto duendes y ahora los tenia de frente, en la realidad y sin estar soñando.

-Cuando termine aquí iré allá Amy- contesto Ethan.

-Ethan… ¿quién es esa joven? No la había visto por acá en mis 300 años- pregunto el duende más alto.

-Ella es Heaven- dijo él-

-Heaven ellos son Max y Amy, son los mejores duendes de Vilhon-

-¿Cuándo podre irme de aquí?-

-Cuando estés mejor… además hay que avisarle a alguien que estas aquí-

La amabilidad del joven que los duendes llamaron Ethan era una sensación dichosa en Heaven, 
aunque ella seguía intrigada por la reacción de los duendes que los notaba nerviosos.

-tú te llamas Heaven?- repitió Amy agarrando la mano de Max con su corazón dando fuertes latidos. 

Los estaban en pánico, intentaban no notarlo.

-Si… me llamo Heaven- concluyo ella.

-Heaven- Max volvió a repetir con tono de voz bajo

-¿Pueden decirme que hay con mi nombre?-

Heaven empezaba a inquietarse con los duendes que no paraban de preguntar y decir su nombre como si se tratara de una fugitiva.

-Es verdad… ¿les pasa algo? Los noto nerviosos, acaso la ¿Conocen?

Ethan se dirigía a los duendes también un poco confundido.

-No no- sonrió Amy nerviosa.- como llegaste hasta aquí? Porque no te habíamos visto
Amy intentaba obtener información actuando de forma discreta, no podía creer que era Heaven, la niña que salvaron. Eso representaba una amenaza para ellos. Sin embargo Heaven no sabía como responder a aquella pregunta.

-Es una historia muy larga… solo quiero salir de este lugar… ¡Es de locos!- dijo Heaven

Heaven se acomodaba mejor sobre el colchón hecho de plumas.

-Si no hubiese encontrado esa puerta- susurro ella.

Bajo la mirada arrepentida de estar en aquel lugar. Aun cuando lo había dicho en susurro todos escucharon, estaban en una habitación donde el mas mínimo ruido se escuchaba.

-Puerta?- pregunto Ethan curioso

-Solo dices cosas- se apresuro Max

-Si la pobre esta cansada- Amy se apresuro después de Max

Los duendes impidieron que Ethan hiciera más preguntas, no podía enterarse de aquello.

-Si lo mejor será que descanses un poco- Ethan se acercaba y cubría a Heaven para dejarla dormir

-Deberíamos ir a la próxima habitación donde se encuentra la hada- dijo Amy

-Yo me quedo, la cuidare Ethan- Max le hizo señas a Amy

Salieron de la habitación y el duende se acerco mas a ella observándola. Tenía los mismos ojos de cuando era bebe.

-Ethan no sabe de dónde vienes, pero yo si- Max miraba a Heaven seguro.

Heaven se sorprendió por la forma en cómo le hablaba el enano duende Max.

-Que tu sabes de donde vengo?- pregunto ella.

Ella se preguntaba extrañada por aquello, no había mencionado nada sobre donde venia.

-Estas en peligro Heaven, debes irte- dijo Max observando su pierna

-Porque estoy en peligro?- apenas se que existe este lugar-

-Lo sé, ¿como llegaste hasta aquí?-

Pregunto intrigado aun observando su pierna

-Por la puerta que estaba en el sótano- dijo Heaven.

Aun no confiaba en aquel duende, en nadie de aquel lugar, ella se preguntaba como sabía el de donde venia ella y porque le decía que estaba en peligro.

El duende se sorprendió al escucharla, sus gruesos ojos se abrieron un poco mas, como había entrado en ella sino había forma de hacerlo, se preguntaba asi mismo.

-¿La puerta del sótano?, por la puerta donde llegaste, por esa puerta has salido… nunca debiste venir aquí-  dijo max

Sus palabras eran sabias, Heaven quedo intrigada con lo que le había dicho y no entendía porque aquellas palabras.

2/15/2015

Capitulo III.La puerta


-Mamá… ¿Has visto mi dije?- Preguntaba Heaven

-¿Cuál dije?- Respondió su madre.

-El que me regalo tía Mary en mi cumpleaños- Heaven comento.

Desde el cumpleaños ella no lo había visto,  no sabía dónde lo había dejado y entre tantos regalos, agite era posible que lo dejara en cualquier sitio de la casa que era demasiado grande, buscarlo allí era como buscar un aguja en un pajar. Habían seis habitaciones y dos pisos, estaba demás mencionar su habitación y la de sus padres, estaba el sótano que nunca entraba y a pesar que estaba al frente de su habitación le daba un poco de miedo, a su parecer eso no era un sótano sino más bien una habitación tenebrosa. Abajo en la entrada principal a mano derecha estaba el bar y a la izquierda la cocina, de frente estaban las habitaciones de los huéspedes.

Comenzaba a recorrer la casa, habitación por habitación, hasta que se detuvo en el bar donde por ultima vez lo había visto y se habían caído los regalos. El bar era pequeño con una mesa de mármol ovalada en el centro, una mini barra con varias copas y donde mi padre tenía toda clase de bebidas para preparar. En uno de los extremos se encontraba una mesa de billar y un estéreo que nunca sonó en su cumpleaños. Busco sobre la barra que había en todos los extremos y allí no apareció. Camino hasta la cocina y al entrar busco sobre el mesón, abrió el refrigerador ya que su madre a veces metía cosas, como ejemplo su teléfono móvil. Un día heaven la ayudaba con un pastel que tenía que entregar rápido y de tanto estrés había metido su teléfono junto con los huevos en el refrigerador, no le extrañaba que estuviera dentro con cualquier otra cosa, quizás metido en un envase de agua, pero estaba equivocada, no estaba allí, al parecer ella tenía poca fe en su madre.

-¿Encontraste lo que buscabas?- pregunto su madre bajando las escaleras.

-No, solo quisiera subir a mi cuarto y encontrarlo en mi cama-

Heaven quería encontrarlo, pensaba salir a tomar un poco de aire fresco en el parque y cuando regresara seguiría buscando. Subió a su habitación para arreglarse un poco y salir, justo cuando comenzaba a hacer su cama que moví las almohadas, el dije apareció. Seguramente al dormir lo coloco debajo de su almohada sin darme cuenta. Sin embargo, la noche anterior no lo llevaba puesto.

Se arregle con ropa cómoda, podía haber calor así que pensaba que era mejor algo cómodo. Salio de la casa directo al parque, allí se senté a una banca a observar a todo aquello que pasaba. Se podían ver cosas interesantes como chicos patinando, un hombre vestido de mimo pintando un retrato de una hermosa mujer sentada en una banca, aquella llevaba un vestido rojo escotado de un lado cubriendo solo medio seno, sus piernas estaban cruzadas con su vestido un poco recogido;  tenía la mirada fija en el retrato que no había notado que había alguien haciéndome señas.

-Heaven despierta-

-¿Eh?

Se exalto haciendo una expresión al reaccionar, parpadeo varias veces y fue cuando pudo observar a Emma

-¿Qué quieres?- Dijo Heaven de mala manera-

-Solo quiero hablar contigo, escúchame- Suplico Emma.

-No hay nada de qué hablar- Se levanto para irse y sintió un fuerte tirón en su brazo izquierdo – ¿Qué te sucede? Déjame… no tengo porque escucharte

Ella aun le sujetaba del brazo, debía suponer que no le soltaría hasta escucharla, así que no tenía otra opción y volví a sentarme de nuevo en la banca fungiendo el ceño.

-Te daré solo unos minutos, Emma-

-Pensé que William te lo había dicho antes, cuando nos viste me sentí muy mal y le pregunte porque no te había dicho y el muy cínico dijo que nos quería a las dos. Discúlpame, no pensé que sería así, me siento mal, me siento la peor Heaven. - Emma se sentó a su lado.

Sus palabras eran sinceras aunque Heaven estaba confundida y no sabía que pensar, o que decir. William era un imbécil y posiblemente, tomando las palabras de Emma jugaba con las dos.

-No sé qué decir… estoy confundida. William fue a la casa y me beso, tuve que echarlo-

-¿Te beso?-

-Si lo hizo el muy descarado-

-No puedo creerlo Heaven-

-Pues créelo-

-Es un descarado sin duda, deberíamos colgarlo de un árbol por las orejas-

-Qué mala eres aunque no es mala idea- reí por su divertida idea

-Eres mi mejor amiga te extraño-

-Si, la pasábamos muy bien juntas-

-¿crees que podemos ser amigas otra vez?-

-Claro que si-

Haven se levanto de la banca al igual que Emma dándose un  buen abrazo fuerte de amigas, riendo como tontas. Siguieron conversando un buen rato, bromeando y recuperando el tiempo perdido, tanto que ni cuenta se habían dado de la hora.

-¡Cielos!- Exclamo Heaven

-¿Qué pasa Heaven?- Pregunto preocupada Emma

-Es demasiado tarde, Emma. ¡Mis padres van a matarme!- Dijo Heaven levantandose.

-Cierto, es mejor que nos regresemos-

Se despidieron con un fuerte abrazo y caminó lo más rápido posible llegando a casa. Estaba oscuro, no iba a salvarme de un buen ragaño. Cuando llegó intento abrir la puerta sin ruido alguno pero ya era demasiado tarde, estaban esperándome en la sala, y inmediatamente se puse fría y pálida.

-¿Dónde estabas?- Pregunto su padre saliendo de la oscuridad.

-Más vale que tengas una razón para llegar a esta hora jovencita- Dijo el enojado.

Esas fueron las primeras palabras de su padre, no había hecho nada malo excepto llegar tarde, tenía que tener buena excusa ligado con la verdad para que no le castigaran y pudiera irse a su cuarto. En su vida nunca la habían castigado, todo lo hacía bien. No era de romper reglas, a ella gustaba hacer lo correcto aun cuando no fuera criada así, sus  padres eran algo divertidos y ella más o menos seria, trataba de cambiar pero era imposible, no le adaptaba a ser diferente.

Coloco las manos hacia atrás caminando hacia ellos pensando, pero de igual forma la regañarían diciendo o no la verdad, así que no seria mentirosa, no se dejaría llevar por aquela sucia opción.

-Estuve en el parque y luego llego Emma, mi amiga. nos pusimos a conversar, se nos fue muy rápido el tiempo, deje el teléfono porque se me olvido en mi habitación, Cuando vi la hora era tarde y vine lo más rápido que pude. Lo siento no volverá a pasar- los miraba a los dos, ellos no estaban muy convencidos así que trataba de colocar mi cara de “Lo siento” para que entendieran.

-Estas castigada- fue lo que dijo su padre, eso le había enojado, primera vez que lo hacía y estaba castigada.

-Primera vez que llego después de las nueve, tampoco quise hacerlo- Dijo Heaven tratando que lo entendieran.

-Ya lo decidí- Dijo serio su padre.

-Pero…- Trato de habalr de nuevo pero no lo hizo.

-Nada de peros- Su padre señalaba las escaleras.

Miraba a su madre, ella no decía una sola palabra, suponía que pensaba; “es entre tu padre y tu” así que estaba demás pedirle su ayudara. La puerta había sonado y su madre fue quien la abrió para recibir algo, un paquete,  una caja de cartón simple con una hoja de cuaderno donde estaba escrito su nombre.

-Es para ti- Su madre la miraba.

-¿Para mí?- Pregunto extrañada Heaven.

-Sí, toma- decía su madre agarrando la caja entre sus manos y entregándosela.

La tomo sin mirar lo que tenía dentro y camino a su habitación aun preguntandose que habia dentro de ella. Abrió la caja, dentro había un libro, uno muy viejo y lleno de polvo. Lo tomo entre sus manos y lo soplo para quitar un poco el polvo. El libro era grueso y pesado, color rojo con bordes dorados, el centro llevaba un círculo con la imagen de un dragón, el mismo dragón del sueño, el de la piel y ojos de serpiente que me asustaba, era una coincidencia.
 
Abrió el libro, sus hojas eran de papel pergamino viejo color rojo, la tinta se notaba caída, con letras doradas muy brillantes, en su portada el titulo decía “Borjhan” no se sabía que era pero pronto se iba a saber.

Alguien se acercaba, creía que era su padre, así que debía esconder el libro rápido; efectivamente su padre entro sin tocar como era de costumbre, observo por un momento la caja.

-¿Qué había?-

-Pues nada papá, solo la caja vacía, una buena broma ¿No crees?- dijo nerviosa.

 El libro lo había escondido debajo de la almohada, ella le enseñaba la caja vacía y me dio un beso de buenas noches en su frente.

-Aun estas castigada- dijo el y ella resoplo preguntándose: ¿Para qué lo repetía? Ya se volvía a poner de mal humor, al irse cerro la puerta y busco su pijama. Se acostó a hojear el libro.

Trataba de una historia de fantasía sobre un mundo de fantasías criaturas llamado Borjhan, habían duendes, dragones entre muchas otras especies fuera de la imaginación. Para ella se veía muy interesante, son la clase de historias que le gustaban y se preguntaba  quien lo había dejado en la puerta y porque específicamente para ella.

Las primeras líneas que contenía aquel viejo libro era sobre una tierra rodeada de hermosos valles, colinas, montañas, corrientes de agua que caían como pendientes desde las montañas formando grandes ríos cristalinos, estos ríos daban vida a la diversidad de vegetación que existía, como arboles empinados, gruesos y de formas extrañas; algunos daban frutos que variaban como la Merlanda que era como el tamaño de una manzana, pero totalmente redonda como pelota. Su sabor era como la de una patilla pero algo ácida; también estaba la frabana, una fruta con forma alargada como la de un pepino, su sabor era como la fresa pero su textura era como la de una banana.

Borjhan era habitada por toda clase de criaturas, desde las más pequeñas hasta las más grandes, ninguno era exiliado; los duendes eran quienes se encargaban de mantener la paz y la tranquilidad entre todos los habitantes, los humanos eran los encargados de proteger al igual que las criaturas gigantes.

Los días eran calmados hasta que algún dragón rompía con la paz, ellos eran feroces e inteligentes, no se prohibía cazarlos pero si matarlos.

… De nuevos los ojos amarillos como serpientes con sus pupilas como las de un diamante invadían sus temores,heaven sentía las respiración agitada nuevamente y el corazón latiendo a mil por segundo. Esa vez no estaba en una cueva sino en un sótano lleno de cosas, cosas que le resultaban familiares, tanto que algunas eran de su familia, como su primera bicicleta, los autos pequeños de colección oxidados de su padre y la tostadora vieja de su madre. Estaba en sucasa, esto era real ¿cómo había entrado?, no lo sabía. Solo observaba las paredes blancas, parecía un cuarto de hospital tan pálido y cerrado. La ventana de vidrio estaba cerrada y apenas se veía. Había un escaparate muy viejo y vacío delante de ella.

Camino por las cosas de mecánica de su padre y en una de las esquinas había un espejo, de aquellos que tenían un paral, en el que pudo observar algo extraño. Una puerta vieja de caoba maltratada y muy usada. Dio unos pasos hacia ella y la observo completamente, ¿Por qué una puerta estaría aquí? Era muy vieja.

Iba a tocarla pero algo la detuvo, un rugido conocido a sus espaldas hizo sobre saltarse, no volteo solo intentaría escapar. Dio vuelta a la manilla y entre en aquella puerta, no había nada. Era como caer en un vació, todo estaba blanco y de un brillo extremo que me cegaba un poco los ojos. Avanzo lentamente buscando una salida, intento gritar para despertarse ya que sabia que eso era un sueño y no le estaba gustando.

Su desesperación aumentaba, miraba a los lados y aun no veía nada, solo una niebla comenzaba a aparecer y a lo lejos se reflejaba una colina con un árbol en forma de trébol y… ¿duendes? . Se detuvo a  pensar en el extraño sueño donde estaba pero debía seguir avanzando, buscando la manera de despertar. Se pellizcaba y se golpeaba un poco pero no sentía nada. De pronto el reflejo cambio y se veía dormida  era como ver una pantalla de un televisor lejano pero en reflejos moviéndose lentamente.

Corrió lo más rápido que podía, sentiendo un peso excesivo en sus piernas que no la dejaban que avanzara fácilmente, era como tener en cada una cadenas con bolas de acero. Su mente me mantenía activa y no se daba por vencida hasta llegar, al hacerlo cayo y algo le golpeo en la cara. El libro había tapado su cara golpeando su nariz.

Capitulo II. Sueños Reveladores

Heaven entraba en clase de lengua sin mirarlos a los dos, solo se concentraría en la clase para sacar una excelente y buena calificación en el próximo examen que era en una semana. Ocupó el primer asiento de la segunda fila, así nadie la molestaría al estar frente de la profesora. Esa mañana había sido la más dura de todas, era la burla de nuevo y todos comentaban de lo sucedido. No se sorprendió por aquello, los chismes iban y venían rápido.

Heaven estudiaba en la "School of Danville County" de la mejores de Danville, los profesores eran excelentes, quizás algunos estudiantes eran buenos, otros se pasaban el día haciendo insoportable la vida de otros. A pesar de eso le gustaba estar ahí. Era una buena escuela, no se dejaba llevar porque quien la conformaban sino sus enseñanzas. No hay que juzgar  por lo que se ve, sino por como es.

En la entrada al edificio se podría ver una enorme cúpula que lo hacía parecer un castillo moderno. Era un espacio abierto con una estatua en el centro, era un hombre que ella no tenía idea de quién era, ella suponía que fue el fundador de la escuela, solo que no sabía cómo se llamaba.

Los salones daban tranquilidad con el color blanco y un diseño amplio para todos, estaba lleno de ventanales donde podría entrar el viento tranquilo con suaves brizas. Desde allí se podría observar una terraza con una impresionante paisaje y al salir a aquel lugar era estupendo, se podía respirar tranquilidad, sobre todo en su parte posterior donde se encontraba una plaza enorme, con gran vegetación. A ella le gustaba mucho pasar su  tiempo libre allí, era el único sitio donde podía estar tranquila sin que nadie la molestara, pero hoy no sería el día de quedarse.

Sus pisos eran muy brillantes, era porcelanita que parecía más bien de cristal. Sus pasillos eran sumamente largos y los casilleros todos estaban enumerados y identificados con los nombres de cada estudiante. La escuela contaba con una biblioteca con suficiente espacio, donde había libros de toda clase, divididos en 15 secciones.

Cuando la profesora dio por terminada la clase Heaven no espero para salir. De hecho, fue la primera en hacerlo. Escucho varios llamados de Emma pero no le hizo caso a ellos. Esta  vez no fue a la cafetería porque sería lo peor, así que almorzó en el gimnasio. Era un lugar relajante porque a estas horas se encontraba solo y nadie pasaba por allí. Heaven se sentó en las gradas del gimnasio, justo en medio de un balón de baloncesto. En frente tenia a la vista la cancha de baloncesto donde jugaba el equipo de la escuela cada mes. El piso  de aquel lugar era de madera pulida y en cada extremo de la cancha habían dos aros que allí donde lanzaban la pelota, en el piso había líneas blancas que indicaban varios tipos de reglas en el baloncesto.

Las próximas clases para ella fueron lo peor y  al salir le pidió a su padre que viniera por ella para no tener que agarrar el auto bus que competía con Emma al salir de cada clase final. 

Esa misma tarde no quería comer ni un bocado, solo quería encerrarse en mi habitación para que sus padres de molestarían. Comió algunos bocados sin ganas y al terminar se levanto inmediatamente lavando el plato. Subió a su habitación y  puso música en su a todo Volumen. No era de distraerse fácilmente, solo tenía que buscar la manera de hacerlo.

Tomó su portátil y busco en Internet algunas técnicas para mejorar los trazos al dibujar un rostro.
Unos de sus dones era dibujar y lo hacía muy  bien, le gustaba aprender más técnicas porque era lo que le apasionaba aunque sus padres, ninguno, tenía habilidades artísticas o algo parecidas, curiosamente yo ella, supongo que eso no tenía mucho que ver o eso ella pensaba. Dibujar no era fácil, pero ella tomaba un lápiz y era como hacer magia, todo lo que se imaginaba le quedaba a la perfección.

Recordaba el primer día que dibujo de niña, regresaba de la escuela muy triste y solo quería estar sola todo el día. Entonces, tomo una hoja y dibujo un hermoso paisaje lluvioso intentando reflejar su tristeza en el, lo curioso de todo fue que esa tarde no paro de llover y el cielo estaba totalmente oscuro, fue una gran casualidad y nunca olvido ese día.

Se escucharon unos pasos que venían subiendo las escaleras rumbo a su cuarto, que detuvieron su dibujo, por lo fuerte que eran supongo que era su padre. Abrió la puerta sin tocar como era de esperarse, ya no se sabía de qué manera decirle ella y su madre que tocara la puerta antes de entrar.

-Heaven un muchacho te busca- Dijo mi padre.

No le gustaba que un chico viniera a casa a buscarla, típico de todo padre con su única hija. Ella no tenía idea de quién era, menos que era William, Heaven no quería verlo. Si era él iba a ponerse muy molesta.

-¿Un muchacho? … bien pues dile que enseguida bajo- Acomodo un mechón de su cabello cuando su  padre salía de la habitación. Hizo lo mismo solo que esperaba que no fuese William. Abrió la puerta, era él.

-¿Qué haces aquí de nuevo?... ¡Vete!- dijo molesta con él. Nubes grises, nubes que sustituían a las blancas, ellas indicaban una tormenta, el clima cambiaba y ella lo estaba notando.

-Es mejor que te vayas, no pienses que te dejare entrar cuando empiece a llover- dijo de nuevo.

Su humor cambiaba y con el cambiaba el clima.

¿Era casualidad acaso?

-Heaven…- dijo él casi en un susurro.

-No digas nada no quiero escucharte, mira no soy rencorosa está bien, solo vete. Por favor.

Heaven quería que se largara antes que su padre le empezara la curiosidad y se acercara a ver, intentaba cerrar la puerta y no él no la dejo, empezaba a llover fuerte.

-Ya vete, solo déjame no quiero nada de ti.- Intentaba calmase.

No sé sabe cómo sucedió pero de pronto la estaba besando, ella solo dio un fuerte empujón y golpeo su mejilla con tanta rabia y fuerza que justo con el golpe un destello de luz apareció como un flash e ilumino por unos segundos todo el lugar. Cerro sus ojos ante aquel resplandor, haber sentido su asquerosa boca en la suya le dio mucha rabia; había pasado el destello de luz y la lluvia se intensificaba aún más, pasaron apenas unos segundos y un estruendo enorme se escuchó como si tocaran un tambor enorme en el oído, fue tan intenso que las luces de las casa se apagaron y regresaron al instante.

Heaven dio el grito más fuerte que jamás había dado. William salía corriendo entre la fuerte lluvia quedando todo empapado.

-¡Heaven! Ven entra a la casa hay una fuerte tormenta eléctrica- dijo su madre cerrando la puerta.                                      
Ella no sabía qué hacer o decir, estaba asustada y muy molesta, solo salió corriendo a encerrarse en su cuarto y llorar como tonta.

-Heaven espera. ¿Quién era ese muchacho? Porque no…

-Déjame en paz mamá. Es un idiota, solo déjame sola- Cerro con rabia la puerta de su cuarto, comenzando a tener lágrimas en los ojos, se hacia la fuerte, no quería llorar de nuevo, no le gustaba hacerlo. Se tumbó en la cama boca abajo pensando en el clima, era la segunda vez que sucedía aquello. De contener el llanto se quedó dormida, sentía que alguien le abrigaba, era su madre por su forma de hacerlo, no despertó y quedo profundamente dormida.

El viento soplaba y soplaba creando una espesa neblina alrededor de aquel lugar en penumbras, era como estar en un cuarto con tan solo una pequeña luz parpadeante al final de un túnel estrecho. A medida que avanzaba tocaba algo en el suelo, sin poder observar mucho bajaba su cuerpo al suelo y tomaba una rustica, húmeda y pequeña piedra. Siguió caminando con cuidado por las tantas rocas, aquella luz se hacía más intensa y se podía ver ya el suelo arenoso con un olor a tierra húmeda que se hizo notar. La piedra que empuñaba comenzaba a sentirse más húmeda y la curiosidad de ella aumentaba más a media que avanzaba. ¿Qué es este lugar? ¿Cómo había llegado aquí? Apretó más la roca y abrió su mano mirándola, esa de repente comenzó a elevarse por los aires y un pequeño chillido salió de su garganta. Dejó caer la piedra al suelo y comenzaba a respirar agitada, se preocupaba si había sido ella quien la había hecho elevar. Volvía a tomarla y se concentró mirándola profundamente y consiguió que se elevara de nuevo.

Un rugido se escuchó a sus espaldas, al voltear había un dragón detrás, dejo caer la piedra dando pasos cortos hacia atrás. Sus escamas eran como las de una serpiente solo que más grandes al igual que sus ojos. Su tamaño era como dos veces un león y su rugido era el triple. Su mirada hacia ella era de enojo y no debía estar allí, cuidaba algo y si intentaba escapar moriría. Lo mismo podía suceder si se quedaba en aquel lugar. Al dar otro paso hacia atrás tropezó con otra roca pero esta vez mucho más grande, cayó y lo último que vieron sus ojos fue llamas de fuego  salir de aquel dragón.
Gritaba fuertemente que su voz era una especie de eco que retumbaba, su visión se nublo, apenas si podía abrir los ojos e intentaba descifrar un rostro desenfocado.

-Heaven…-

Escuchaba la voz de su madre.

-Heaven despierta-

Despertó de inmediato, escuchaba la voz de su madre creyendo que era en el sueño hasta que toco a su puerta, se levantó extrañada, no supo cuando se había quedado dormida se acercó a la puerta y la abrió.

-Heaven… ¿Qué hacías? Me tenías preocupada llevo rato tocando- dijo su madre.

-Estoy bien, mamá-

-No. No lo estas. Escuche tu grito y vine a ver qué sucedía.

El grito si había sido real, ahora ella tendría que dar una explicación.

–Solo fue un sueño, nada más-  decía suspirando, pero eso no bastaba para su madre.

-Está bien que sea un sueño pero ¿Y el chico que vino? Quiero la justificación de que me gritaras.

-¿Un chico que vino?- haberse quedado dormida al parecer le había borrado la memoria por unos instantes, hasta recordaba luego que se refería a William. -Es solo un chico de la secundaria, nada importante mamá-

-¿Nada importante?- Entonces porque te vi llorando, además me gritaste así que debe ser importante-
Allí le  venía un gran regaño por culpa de William y no sabía que decir.

 - Lo siento mamá, rompí con el- dije suspirando. Ella sabía que eso no le gustaría a su madre,  que le dijera tal cosa, su rostro cambio bruscamente y sabía que estaba en problemas.

-¿Terminaste con él? Nunca mencionaste cuando empezaron Heaven-

- Hace una semana, pero ya no lo quiero, ya no me gusta. Es… Es muy romántico y cursi, no me gusta eso-

Esperaba que le creyera esa pequeña mentira.  Su madre le veía poco convencida con lo que le había dicho.

-Cuando yo conocí a tu padre me fijaba en muchos chicos románticos-

Ahora su madre iba a contarle sus romances, aunque para Heaven eso era mejor, así evadían hablar del tema, entre tantas historias de sus parejas se pasaba el tiempo y las horas.

-Tu padre y yo nos conocimos en la secundaria, tropecé con el llenándolo de jugo, muchos se rieron de el-

 Ella observaba como se reía, no podía pedir algo más aburrido que eso, bostezaba una y otra vez.
Su madre para tener cuarenta y dos años era una mujer hermosa, no parecía tener su edad. La consideraba como una mujer muy dulce, tan dulce como los postres que hacía, su sonrisa era encantadora y siempre estaba pendiente de todo, tenía un carácter pacífico, rara vez se enojaba, todo lo opuesto a su padre. Ella era de cabello negro, delgada y un poco alta como de 1.70 de alto, su cara era redondeada y con finos labios.

-Creo que ya conté mucho, mejor duerme-

Dio un beso en la frente y salió de la habitación, cabrío su rostro con una almohada intentando dormir profundamente.

Movía sus pies y sus manos como si nadara boca arriba y balbuceaba, miraba aquel lugar hecho completamente de madera, apenas había una cama de palmas y una silla, de nuevo no sabía dónde estaba y aquello era demasiado solitario. Estaba en la oscuridad y escuchaba voces a lo lejano, a un no descifraba lo que decían, se veían sombras entre algunas de las maderas que hacían de pared. Aquellas sombras se movían rápido como si sucediera algo, como si pasara algo malo. Heaven miraba hacia arriba, el techo era de palmeras tejidas y troncos, estaba en una especie de choza. Pieles se veían en un rincón, pieles que no eran de un animal conocido, aquellas eran extrañas, eran marrones con una textura de pequeños cuadros, nunca las había visto, sus colores y su brillantez. Nuevamente alguien pasaba, llevaba una antorcha, se podría notar el color rojo del fuego. Un hombre abría una puerta que rechino fuertemente y eso hizo que las voces se escuchaban más fuerte. En su interior se escuchaba un llanto, un llanto de desespero y aquel hombre se acercaba a ella dejando la antorcha a un lado,  la tomo entre sus brazos  por unos segundos. Lo miraba a los ojos sin llorar, no sabía quién era, en su vida Heaven nunca lo había visto y no era su padre.

Heaven empezaba a darse cuenta que era una bebe en aquel lugar; aquel sujeto era muy alto, llevaba un sombrero, un sombrero con la punta doblada y un manto rojo, tan rojo como la sangre. Era muy barbudo y algo obeso. El la miraba y sonreía, tenía una sonrisa muy pronunciada, como una blanca dentadura, tan brillante que podía reflejarse en ellos. En sus brazos se notaban marcas muy extrañas en otro idioma, eran como símbolos o algo parecido. La cabaña comenzaba a arder en fuego y entre los brazos de aquel hombre salía de aquel lugar en llamas.

Había una multitud corriendo, aquellas personas eran más pequeñas que el mismo hombre, el fuego asechaba a todos y se podía ver algunos quemándose, el llanto se escuchaba de nuevo y los gritos eran más fuertes, sin embargo, el tiempo se detuvo y de nuevo vio aquellos ojos de serpiente, esta vez estaban calmados hasta un cierto momento cuando se escuchó su rugido.

Ella estaba sudorosa, el corazón saltaba en su pecho que parecía iba a salirse y la respiración estaba aumentando, todo le daba vuelta y aun no caía en cuenta que estaba en su cama. Se levantó rápidamente de la cama agitada, intentaba calmarse un poco, entró a su baño abriendo el grifo del lavamanos para lavarse un poco la cara, se miraba al espejo preguntándose sobre aquel sueño, era ella cuando apenas era una bebé, era más bien como si hubiese vivido aquel momento, no podía sacarse de la cabeza la imagen de aquel sujeto tan extraño. Su cuerpo se sentía acalorado por tanto sudor, así que decidió entrar a la ducha, mientras abría los grifos iba sacando su ropa dejándola sobre la cama. Quitó la ropa que llevaba puesta, tomó una toalla y la coloco a mano para cuando saliera de la ducha.

Al entrar a ducharse se sentía muy relajante sentir el agua recorrer su cuerpo, aun pensaba en  el sueño, ya era la segunda vez que soñaba cosas similares y eso empezaba a generarle curiosidad, temor, era como una visión de una vida pasada cuando apenas ella era una bebe, sus padres nunca le habían hablado de ella cuando nació, y ese sueño le empezaba a dar interés por saberlo. 

1/30/2015

Capitulo I. Un deporable cumpleaños

Era día de Halloween, Sarah la madre de Heaven preparaba sus mejores galletas de chocolate con relleno de chocolate derretido, era su especialidad y le gustaba cocinar todo tipo de postres. Era dueña de una de las pastelerías más importantes ubicada en Danville, un pueblo en el condado de contra costa en el estado estadounidense de California.
 Algunos decían que era el pueblo más aburrido pero otros no lo pensaban así, decían que no era tan malo, solo, sino que muchos no eran capaces de ver su verdadera belleza. John era dueño de una compañía que fabricaba autos llamada From Cars Elite Corporation, una de las más grandes, y además de eso, era el padre de Heaven.
Aquellas galletas que Sarah hacia eran para los niños que salían cada noche de Halloween a buscar cualquier dulce que les dieran, eso los hacía felices. Heaven nunca hacia este tipo de cosas como salir a buscar dulces, no era buena en esas cosas y mucho menos haciendo amigos.
Ella era un poco tímida cuando alguien se le acercaba.
En esos momentos su padre decoraba la casa con calabazas, brazos de mentira y objetos que para el identificaban miedo, pero en realidad para Heaven eso no era gran cosa. Heaven había llegado a la casa, como había dejado las llaves tenía que tocar. Estaba alterada y solo quería entrar. Al escuchar el primer pase de la llave empujo rápidamente la puerta apartando a su padre para no tumbarlo. Su cara estaba pálida, sus labios apenas si tenían color rosa de lo seco que se encontraban, sus manos temblaban del susto, parecía como si más bien había corrido una maratón.
Su padre cerro rápidamente la puerta, tal vez pensó que un loco disfrazado la perseguía, pero nadie que era lo que había pasado. Se escuchó un estruendo en la cocina, su madre que al verla así dejo caer una charola que tenía en sus manos y la dejo en el suelo buscándole un poco de agua.
-Heaven pero que rayos sucede, porque entras de esa forma, casi tumbas a tu padre.-
 Su madre llegaba con el vaso de agua que inmediatamente ella había tomado, no sabía cómo responderle a su padre, solo dejo caer su cuerpo al suelo, estaba en una especie de trance parecía como si le daba vuelta todo, respiraba agitada y ellos la miraban asustados por cómo me estaba comportando.
-Heaven… ¿Qué sucede?... ¿Qué ocurrió?-
Su padre preguntaba una y otra vez lo mismo, ella no quería responderles nada, trataba de levantarse normal e intentaba fingir.-
- uff... Un gran susto con ese disfraz-
-¿Heaven! espera, vuelve aquí-
Ella corrió por las escaleras hasta su habitación, paso el seguro a la puerta y se lanzó a la cama, se veía un poco confundida, lo que le había pasado la había dejado muy mal
-Heaven hija abre la puerta, nos preocupa que estés así porque no nos cuentas lo que paso-
Sus padres le hablaban detrás de la puerta, ellos eran muy preocupados cuando se trataba de su hija, la protegían mucho y siempre le daban lo mejor, su padre era un hombre que casi siempre sonreía para cualquier cosa tenía un buen sentido del humor y era muy bromista, Heaven siempre le decía que era malo con sus bromas, y su Sarah decía lo contrario, decía que algunas veces sus bromas eran buenas.
De niña, su madre y su padre la llevaban al parque, aunque a Heaven eso no le importaba mucho, para ella era demasiado aburrido hacer lo que otros niños hacían cuando. Alguien anormal como ella prefería estar en casa, pero no le gustaba quitarle su padre el entusiasmo de sacarla a pasear y comprarle cosas como todo buen padre.
Algunas veces ocurrían cosas extrañas cuando se enojaba, como llover o relampaguear de una forma poco usual, cuando ella estaba feliz las flores de su madre brillaban como perlas y el jardín que ella todas las tardes decoraba en el frente de la casa siempre florecía más. Parecía que todo eran tan solo eran casualidades pero seguía siendo muy extraño. 
Medida que iba creciendo fue madurando más, ella siempre ha pensado que desde pequeña ha tenido una mentalidad de adulta, ella lo sabía bien y le gustaba ser así y no hacer tonterías como otros, por eso que siendo niña nunca tuvo amigos o nunca los ha tenido.
En la escuela era la burla de todos y siempre había alguien que le hacia el día de cuadritos, incluso los maestros eran desagradables y en ocasiones la hacían sentir menos que los demás. Había clases donde se desmayaba por los nervios de hablar en público, odiaba mucho que eso le sucediera, era frustrante en muchos sentidos.
Una vez tuvo una amiga en el colegio llamada Scarlet, era rara o eso pensaba ella solo porque jugaba con los niños de su grado.
La amistad de ambas llego a ser tan fuerte, tanto que cuando la madre de Scarlet le festejo el cumpleaños ella cumplía ese mismo día y Scarlet de regalo cumpleaños le regalo una hermosa muñeca de cabello rizado y dorado que tenía la piel de color blanca, con un bello vestido color rosa. Ese había sido el mejor regalo que alguien le había dado, aun la conservaba intacta como si tuviera solo una semana de habérsela regalado.
Llego un día en el que tuvieron que separarse porque ella tenía que mudarse a otro estado y nunca más la volvió a ver.
Todo en su vida era así, sufrimiento a diario, pero se levantaba, ya en la secundaria a Heaven le costaba mucho adaptarse, aun cuando ya tenía un año de estudio. Las chicas tontas e inmaduras siempre se reían de su atuendo o algo, siempre buscaban como molestarle y nunca dejaban pasar algo. Mientras iba avanzando los primeros días en aquella escuela conoció a Emma, una de aquellas chicas pero era diferente a las demás, ella le brindo su amistad y creyendo aquello acepto su compañía.
En aquella escuela había un chico llamado William, era de cabello negro oscuro y ojos eran una especie de azul claro. El no era el más conocido, pero era diferente a los demás, era tierno y amable con todas.
Todas las tardes en clase de lenguas ella lo observaba y él tampoco dejaba de mirarla. Para ella él era gracioso porque escuchaba sus chistes en clase, a la hora de salir la observaba y eso la hacia enrojecer, y salir corriendo del salón.
Días antes de aquella tarde, Heaven salió con Emma al cine, solo que nunca entro porque William la esperaba afuera, él hizo que se apartara y antes que pudiera decir algo le robo aquel beso que se había convertido en el primero. No era precisamente algo romántico pero aquello para Heaven si lo había sido, también algo muy atrevido pero dulce.
 En ese mismo instante le pidió ser su novio y ella se sentía tan feliz, asustada y emocionada pero decidió aceptar.
Esa tarde, como era su cumpleaños y faltaban horas para que su familia llegara, quedo con ellos en ver una película, la sorpresa que se llevo fue verlos tomados de la mano, Heaven no les había dicho que llegaría unos minutos antes de lo acordado y suponía que se les había acabado el teatro de mejor amiga y novio, sabía exactamente lo que sucedía.
Al llegar a casa se sentó en la cama sintiéndose un poco extraña antes lo sucedido, habían jugado con ella, de aquella manera tan vil y cruel. Algunas lagrimas invadían sus ojos, se dejó caer en la cama sintiendo como su cuerpo se hundía en la suavidad de ella. No emitía ningún  sonido, no se movía, solo sus ojos estaban empañados y nublados que tenía que cerrarlos. La respiración la tenia agitada y acelerada que sus plumones pedían auxilio, al igual que su corazón. Sentía un nudo en la garganta que no dejaba que el aire fluyera. Sufría de asma y llorar de esa manera era lo peor que podía hacer, sus pulmones trabajan más de la cuenta, eso lograba que su respiración aumentara aun mas y mas, provocando que su pecho saltara.
Heaven Intentaba inhalar y exhalar con tranquilidad pero no podía lograrlo, empezaba a emitir un sonido de hipo a medida que respiraba. Se sentía extremadamente ahogada, sus lágrimas recorrían su rostro y su corazón latía rápido y dolido. Emitía sonidos de tos, eso ocurría varias veces por la crisis que tenía y se levantó intentando calmarse, detener el llanto o terminaría ahogándose
- ¡Ya no llores! – Exclamaba enojada consigo misma.
Para no seguir con aquella crisis comenzó a buscar unos jeans ajustados que había rasgado el día anterior para esa noche. También una blusa negra con tonalidades turquesas, su color favorito.
Agarro el móvil del bolsillo del jeans cuando aquel sonó, en la pantalla le aparecía el nombre y la foto de Emma, no quería hablar con ella, no quería que se molestaran ninguno de los dos, no quería escuchar sus excusas. Ignoro la llamada y luego de un momento había recibido un mensaje. “Heaven, lo siento. Te lo íbamos a decir mañana en clases”.
Lanzo el móvil en la cama ignorando aquello ¿Cómo era posible que lo dijera así?, entraba otro mensaje y lo eliminaba sin verlo.
Heaven era hábil con las manos, creativa, cuando tenía un idea lo hacía real, parecía que trataba con magia. Ella había diseñado la ropa que se pondría aquella noche de Halloween, era algo sensual para sus gustos.
 Se vistió y se maquillo, no era muy buena es eso pero hacia el intento delineando sus ojos con marcador negro, se sentía muy diferente haciéndolo y al verse en el espejo quedo sorprendida.
Bajo las escaleras y camino hasta la cocina donde su madre era besada por su padre quien rodeaba su cintura.
- Oigan, estoy aquí.-
Verlos así la hacía sentir feliz. Su madre aclaraba la garganta y su padre iba al refrigerador con algo de picardía en sus ojos, ambos sonreían y sentían pena porque ella los había visto.
-Vamos, continúen. No se detengan por mí, ya los he visto antes.-
No era la primera vez que los pescaba así, le gustaba verles la cara de tímidos.
- Ya  deja de burlarte- Decía su padre con una sonrisa en el rostro.
-Cariño, pásame la manteca-
 -Madre ¿Cuántas galletas pretendes hacer? Llevas demasiadas y si acaso vendrán un par de niños a tocar la puerta.- se acercó a la mesa donde se encontraba lo que pedía.
Sarah la observaban muy extraño, ella se preguntaba si era por su atuendo.
-Vienen tus tíos, tus primos y sabes que les encantan las galletas que hago-
-¿Y ese atuendo?-  Pregunto su padre. Heaven solo se encogió de hombros.- Quise vestirme así, es como un tipo disfraz-
Ni ella misma se creía sus palabras porque no le gustaba disfrazarse, era ridículo, solo lo había diseñado por William que lo había invitado pero no quería que apareciera, solo por eso no dejaría de ponerse lo que con esfuerzo había logrado.
Habían tocaron el timbre, suponían que eran los niños que comenzaban a pedir dulces a esa hora de la tarde
-Ya voy-
Heaven tomo una pequeña cesta con galletas y otras con dulces para los niños. Se dirigió a la puerta girando la manilla. Abrió la puerta y su tía Margaret junto con su prima Elle entraban por ella. Sintió un caluroso y agradable abrazo por parte de las dos.
-Feliz cumpleaños.-
Dijeron las dos al mismo tiempo mientras ella sonreía feliz de verlas a las dos. Su tía era como una segunda madre, siempre estaba pendiente de ella. Había colocado en sus manos un pequeño obsequio, una cajita adornada.
-Gracias, tía. No debiste- Dijo agradecida por aquello.
 Destapaba la pequeña caja y se sorprendí tanto que sus ojos eran como dos platos relucientes, quedaba boca abierta
-Es hermoso.- Por fin dijo. Le había regalo su inicial en oro. Se volteo dándole la espalda para que se lo colocara.
Su tía Mary - así la llamaba- era una mujer elegante, su perfil era alargado, sus ojos vivos con una mirada profunda de color marrón que lucían con su cabello castaño. Era más alta que Heaven y se cuidaba mucho, no era la más divertida pero era agradable. Siempre pasaba las vacaciones con ella, era divertido porque siempre la escuchaba y la aconsejaba.
La tía Mary había entrado en la cocina a encontrarse con su madre y su padre, Heaven  subía con su prima a la habitación, como ella no tenía con quien hablar, pensaba que Elle podría escucharle aunque no tenía buena comunicación con ella para contarle algo. Entraron en la habitación y volvía a acostarme en la cama pensando en lo que le había sucedido y si era buena idea contarle a su prima.
-¿Qué sucede?- Pregunto su prima sentándose en la orilla de la cama. Para ella era difícil responderle pero lo intentaría.
- Hace una semana tenia novio.- Dijo deteniéndose. Elle se notaba que su prima estaba un poco sorprendida por aquello.
-Cuéntame ¿Cómo se llama? ¿Cómo es? ¿Es lindo?- Se detuvo pensando.- Espera ¿Cómo que hace una semana?
-Es una larga historia. Es un chico que conocí  en clase de lengua, era tierno y amigable, pero…- en ese momento le costaba sacar las palabras, espero unos segundo y siguió – Hace dos horas, creo. Lo vi con mi mejor amiga, estaban juntos.- Sus ojos brillaban empañados de lágrimas. A Heaven le gustaba, le gustaba mucho y era su primer novio. Antes se le notaba que le gustaba Emma su mejor amiga, pero había ido primero con Heaven.
Heaven pensaba que William sería diferente a otros chicos, pero había resultado igual que todos, necesitaba desahogarse con alguien, su prima no era la mejor opción pero estaba escuchando y era mejor que sus padres.
-Era un idiota. Haven no te merecía.- escuchaba sus palabras con atención- No llores por eso
-Lo sé, pero duele-
-Sí. Lo sé-
-Duele que jugaran así conmigo-
Heaven era muy sensible, por fuera se hacia la dura como una roca, fuerte a veces, momentos como ese la entristecían porque  jugaban con ellay se habían burlado de ella. No les daría el gusto, los haría a un lado a los dos y seria fuerte, nadie más se burlaría de ella. Intentaba pensar en otra cosa que no fuera eso y olvidarlo, era mejor seguir con su cumpleaños.
Sonaron unos pasos, alguien con tacones subía las escalera, debía hacer algo rápido para que no la vieran llorar o se alarmarían.
-Alguien viene
-Lo sé ¿Qué hago?
-Escóndete en el baño, haz que te lavas la cara
No podían verla llorar y mucho menos sus padres. Sintió un fuerte tirón por parte de Elle que le levanto de la cama y le empujo hasta el baño-
-Oyee…
-¿Qué esperas?, ve a lavarte ya, notaran que estuviste llorando. ¡Hazlo rápido!
Heaven comenzó a mojarme la cara con agua tibia que salía del fregadero evitano las lagrima  . Su madre entro en la habitación mirando extrañada, buscándola.
-¿Haven donde esta?
-En el baño
-Aquí estoy.- Heaven aun secaba su rostro con un pañuelo, frotándola- Me lavaba la cara, la tenía muy grasosa ¿Todo bien, mamá?
-Que rico huele Tía Sarah ¿son las galletas? ¿Dejaste a mamá en la cocina?, siento decir que hará desastre- Elle buscaba la manera que se fuera.
Sarah la miro convencida que pasaba algo pero no le dio mucha importancia, ella pensaba que tramaban algo y pronto se iba a saber.
-Solo quería decir que debes bajar. Robert, Marcus llegaron con tus primos
- Oh, claro. Enseguida estoy con ustedes
Su madre salió y cerró la puerta, las dos se sintieron aliviadas. Su prima le ayudo a maquillarse de nuevo, mejor de cómo ella lo había hecho.
Bajaron las escaleras y la sorpresa fue que ya estaba toda la familia en el salón principal. La familia no era tan grande, tenía cuatro tíos y cada unos tenían sus esposas e hijos, algunos nietos. En total, eran doce primos y Heaven era la menor de los nietos de sus abuelos, y como tal era la consentida de la familia, su cumpleaños era como si fuera un bebé.
-¡Sorpresa!
Eran las palabras mágicas de sus tíos en cada cumpleaños, Heaven pensaba en ocasiones que era mejor ya cambiar la frase, Intentaba no asfixiarse con tantos abrazos y besos, uno tras otro. No era amante de los abrazos y besos, para ella eso era un fastidio, era un poco seca y prefería la distancia, no se atrevía a decirlo para no lastimarlos. No tenía más opción de aguantarse porque era lo menos que podía hacer.
-Rayos…
-¿Pero qué paso?
Su tío Robert le ayudaba a recoger los regalos del piso, eran tantos y algunos tan grandes que ni él podía con ellos. El timbre sonó de nuevo, nadie quería ir a ver quién era así que le toco a Heaven hacerlo, le dejo los regalos a su tío para ir a abrir la puerta.  
-¿Qué haces aquí?
La sorpresa que le faltaba a Heaven, William en la puerta ¿Cómo se atrevía después de todo?, no tenia dignidad.
-Heaven, quiero hablar contigo
-No tenemos nada de qué hablar
-Por favor, escúcheme. No es lo que crees.
- Vete- Heaven trato de cerrar la puerta pero el, la había sujetado.
- ¿Sucede algo, Heaven?- el tío Robert se acercó a la puerta, ella estaba nerviosa por lo que pudiera decir William, podría darle en este momento un colapso nervioso.
-No, nada tío. Un chico infantil pidiendo galletas.
Su tío en ese momento comía algunas galletas y tenía varias en las manos, él era muy goloso y toda la noche no dejaría de comer.
-Aquí tengo algunas. Ten chico- Se acerco  a William extendiéndole la mano con un puñado de galletas.
Cerró la puerta en su cara para que entendiera que no quería verlo ya.
Todos se habían ido al pequeño bar, mientras disfrutaban de las galletas, comenzaban a hacerle preguntas de la secundaria, como le iba, si tenía amigos y otras preguntas más incomodas. También hablaban de sus negocios y entre charla y charla se fue pasando el tiempo hasta llegar el momento de cortar el pastel. Estaban todos a su alrededor, normalmente no sabía qué cara colocar al momento de cantar el cumpleaños, porque le hacían sentir estúpida. Sin embargo, para sus familiares era una celebración de alegría e importancia, pero para la joven cumpleañera no era así. Cada cumpleaños era lo mismo, charlar, la torta, galletas, todo ya era aburrido para ella, solo quería apagar las luces y cortar el pastel. 

Vistas a la página totales